Crónicas de mis memorias CON EL TIMONEL DEL GRANMA

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Autor/Fuente
Froilán González García. Fuente: Especial para el sitio ACRC
Fecha de publicación
Miércoles, Diciembre 1, 2021 - 08:19

El 25 de noviembre de 1956 partió del puerto mexicano de Tuxpán, el yate Granma con 82 expedicionarios, rumbo a Cuba. Las promesas del joven   Fidel Castro de liberarla de la tiranía de Batista y el sometimiento al Imperialismo Norteamericano se cumplían. Desembarcaron el 2 de diciembre por Las Coloradas en la costa de Manzanillo, en la antigua provincia de Oriente.

Como Timonel venía el cubano Norberto Collado Abreu a quien conocimos en el Museo de la Revolución a finales de la década de los 80 y de quien vamos a contar nuestros recuerdos. Viajaba como Segundo en las mismas funciones el dominicano Ramón Mejías del Castillo, llamado cariñosamente Pichirilo, de larga historia revolucionaria.

Norberto Collado era el protector del Yate Granma en exposición permanente como parte del Complejo Escultórico del Museo de la Revolución, donde se resguardan objetos de extraordinario valor patrimonial. Nos unió el amor a la Historia, porque por esos años Adys trabajaba en la prestigiosa institución, como especialista museóloga de los Fondos de las Personalidades y yo prestaba colaboración como asesor histórico de los objetos y testimonios de la guerrilla del Che en Bolivia.

Con Collado conversábamos frecuentemente, ocupaba esa responsabilidad desde diciembre de 1976. En una ocasión contó que, en la etapa de la reconstrucción del Granma, el ancla original faltaba y decidieron colocarle una réplica. Al conocer esa información se lo informó a Fidel y el Comandante en Jefe le respondió: “Tú serás el responsable de investigar qué pasó con el ancla original, debes localizarla, depurar responsabilidades y velar para que la coloquen en el Granma. A partir de ahora ese es tu trabajo.”.

Cuando la encontró habló con Fidel para informarle que había cumplido esa misión. El Comandante en Jefe lo felicitó y designó custodio permanente de la histórica nave y así comenzó a trabajar en el Museo.

En nuestras conversaciones hablaba de los preparativos de la salida del Yate, la travesía, las incidencias, la historia de los expedicionarios, muchos de los cuales conocíamos, de la llegada a las costas cubanas. Nosotros le referíamos la visita a Tuxpán con nuestros hijos en los años 80 cuando cumplíamos misión diplomática en México y posteriormente un viaje a Las Coloradas para conocer sobre el terreno la historia.

Los especialistas y trabajadores del Museo comentaban que Collado era exigente, con serenidad, educación, profesionalismo, firmeza y celo, velaba que los visitantes y turistas no entraran al barco. En una ocasión, el mexicano Antonio del Conde “El Cuate” llegó sin avisar y debido a la emoción, fue directo a subir al Yate sin solicitar autorización.  Los jóvenes veladores lo impidieron. Las reclamaciones fueron inmediatas y tuvo que intervenir Collado, quien explicó a los custodios que el visitante fue la persona que facilitó a Fidel la compra del Granma y seguramente se sentía el propietario.

Les solicitó a los celosos guardianes que amablemente lo invitaran a subir para que volviera a sentirse dueño de la histórica nave.  Por otro lado, convenció al “Cuate” a pedir disculpas a esos jóvenes que cumplían su deber y todo se resolvió armoniosamente.

Con Collado ofrecíamos conferencias y conversatorios a estudiantes organizados por la Unión de Jóvenes Comunistas y otras instituciones. Los encuentros era una clase viva, con debates, críticas, compromiso revolucionario y anécdotas. Collado era alto, delgado, distinguido, siempre elegantemente vestido, amable y poseedor de una exquisita educación formal, inspiraba respeto con su uniforme impecablemente blanco de marinero, su caballerosidad y modales servirían de ejemplo para muchos. 

Nació el 23 de febrero de 1921 en Surgidero de Batabanó, al sur de la provincia de La Habana. Una comunidad pesquera, productora de berro, carbón vegetal, leña de mangle, miel de abejas, pescados y esponjas de mar. La familia era muy humilde, su padre fue pescador, recolector y recortador de esponjas y miembro del Sindicato de los trabajadores de ese sector.  La organización tenía adscritos el centro de estudios Julio Antonio Mella, donde estudiaban los hijos de los trabajadores.

Uno de los maestros era José Ors González fundador del Partido Comunista. Por dificultades económicas Collado no pudo continuar los estudios y se dedicó a la pesca de esponjas, donde aprendió a detectar el sonido a larga distancia de los tiburones y en tierra el trotar de los caballos y los silbidos de los cazadores cuando llamaban a sus perros. 

Durante la Guerra Civil Española, por orientación de su maestro realizó propaganda contra los franquistas, pintando consignas en las paredes de los comercios. Al comienzo de la Segunda Mundial, con 17 años de edad, ingresó en la Marina de Guerra. En la escuela militar del Mariel fue seleccionado por especialistas norteamericano para un curso de detector de sonidos en la ciudad de Miami, donde resultó entre los mejores alumnos.  Fue sometido a un reconocimiento auditivo y descubrieron una extraordinaria capacidad para escuchar sonidos a grandes distancias y lo destinaron para la detección de submarinos en las costas del Pacífico con excelentes resultados.    

MILITAR ANTIFASCISTA

Al regresar a Cuba formó parte de la tripulación del Caza-Submarinos C-13, para vigilar la costa norte, asolada por submarinos alemanes, que atacaron a un convoy, hundieron dos tanqueros y los barcos mercantes Manzanillo y Santiago de Cuba, el primero con 20 muertos y el segundo con 11. Otros seis barcos mercantes fueron agredidos con un saldo de 77 fallecidos. 

Norberto Collado detectó dos submarinos, uno en las cercanías del puerto de Isabela de Sagua y el otro al frente de Cayo Mégano. Relató que escuchó el sonido metálico de un motor, semejante al de una campana, luego el disparo, el impacto en el casco y como la nave comenzó a hundirse. Minutos más tarde observaron manchas de petróleo, que confirmaba el éxito.

Afirmó que la operación se mantuvo en el más estricto secreto hasta 1946, cuando fue condecorado por el Presidente estadounidense  Harry Truman que le impuso el Reconocimiento del Congreso de Estados Unidos y considerado Veterano de la Segunda Guerra Mundial.

En Cuba el doctor Ramón Grau San Martín le otorgó la Orden al Mérito Naval y lo incorporaron a la Policía Marítima del puerto de La Habana, donde conoció a Héctor Aldama, sargento de dicho cuerpo, con quien estableció una gran amistad, Después del Golpe de Estado de Batista, decidieron incorporarse a la lucha contra esa dictadura y comenzaron a conspirar. Collado fue descubierto por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de la Marina de Guerra, juzgado en Consejo Sumarísimo, condenado a seis años de prisión en el reclusorio de Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud.

Narró que después de la amnistía de 1955 se integró a la vida social, laboral y política, salía de paseo con su novia, una hermosa joven mestiza, pero la familia de la muchacha se opuso porque era muy negro y ex prisionero. Por las actividades conspirativas fue detenido, salvajemente torturado y salió para México. La joven entró a un convento de monjas como misionera de las hermanas Oblatas del Santísimo Redentor.

La última travesía con los expedicionarios a bordo

La última travesía con los expedicionarios a bordo

En la capital mexicana se encontró con su amigo Aldama, que lo llevó a conversar con Fidel. El futuro Comandante en Jefe conocía su experiencia marinera, le propuso venir en la expedición del Granma, que aceptó de forma inmediata. Tras el desembarco fue detenido, juzgado y sancionado a seis años y enviado al Presidio Modelo en la Isla de Pinos.

Por otra parte, Pichirilo, el otro timonel del Granma fue uno de los 19 expedicionarios que lograron escapar y volvió a República Dominicana donde fue asesinado en 1965 luchando junto al Comandante Francisco Caamaño Deñó contra la invasión e intervención norteamericana.

Al triunfar la Revolución Cubana Collado se incorporó a la Marina de Guerra Revolucionaria. Con el uniforme Verde Olivo fue al convento de las Hermanas Oblatas a buscar a su novia. Constituyó un asombro en la institución religiosa ver a un militar hablando amorosamente con una monja. Pocos meses después se casaron.

Junto a Collado visitamos varias escuelas para hablar de la historia reciente, en una de ellas le solicitamos que contara ese episodio.  No quería, visiblemente disgustado, expresó; “Es un riesgo contar esas anécdotas a periodistas e historiadores.” Ante el pedido insistente de los estudiantes la narró y al final dijo: “La monja es mi esposa y la madre de mis hijos”.  Los aplausos fueron mayores.

Contó que cuando estudiaba en Miami, sus notas eran elevadas, cumplía las normas de convivencia humana, siempre estaba elegantemente vestido, un día unos colegas le comentaron que quería parecerse a los militares blancos y respondió que estaban equivocados. Quería que los blancos se parecieran a él.

Relató que su padre siempre decía que la discriminación se vencía con inteligencia, estudio, cultura, honradez, elegancia, forma de comportarse, porque algunos juzgaban a las familias por el comportamiento de los hijos.  Un hijo ladrón, delincuente, mal hablado, usando vulgaridades y palabras obscenas, agresivo, automáticamente se pensaba que la madre, el padre, los tíos y hasta los abuelos eran iguales o peores, personas con ese comportamiento, se disminuían, afectaban a la familia, el barrio, la ciudad y el país.

Afirmó que Fidel era un combatiente contra la discriminación de cualquier tipo, entre ella la racial; era exponente de la ejemplaridad, la ética, justicia, solidaridad, compañerismo, lealtad,  y narró la caída al agua del expedicionario Roberto Roque, cuando el Jefe ordenó detener el Granma hasta encontrarlo. Manifestó que por eso merecía lealtad y acompañarlo hasta el fin del mundo, porque en ninguna circunstancia abandonaba a sus compañeros.

EL HOMBRE CULTO

Establecimos una estrecha amistad, era conocedor de la historia de México y Argentina, hablaba de la cultura, el cine y la música de esos países, se refería a Carlos Gardel y Libertad Lamarque como viejos conocidos. Fue presidente de la Casa del Tango en La Habana, algunas veces lo visitábamos con amigos de ese país hermano.   

Amaba entrañablemente la población de Surgidero de Botaban y hablaba con orgullo de un parque dedicado al mexicano Juventino Rosas, autor del vals “Sobre las olas”, quien falleció en esa localidad a la edad de 26 años y fue  sepultado en el cementerio local. Se lamentaba que lo exhumaron y trasladaron a México. Abogaba por un festival dedicado a la cultura de ese país, rendirle homenaje y que en Batabanó un coro gigante interpretaran el famoso vals.  Un día lo vimos muy enojado, contó que el parque estaba convertido en un potrero donde pastaban los chivos.

Decidimos hablar con los compañeros de cultura, era incomprensible ese abandono y conocimos que Norberto Collado no apareciera en la historia local de la ciudad. Era acreedor de varios reconocimientos y medallas, entre ellas la de los Aniversarios del Desembarco del Granma. En 2002 fue declarado "Hijo Ilustre” de Surgidero de Batabanó.

Esa ciudad tenía el mérito que en ella estuvo José Martí en dos ocasiones, cuando iba a cumplir prisión (destierro) a la Isla de Pinos y a su regresó. También la visitó el Mayor General Antonio Maceo y durante la Segunda Guerra Mundial muchos revolucionarios italianos, alemanes y japoneses residentes en Cuba, fueron llevados como prisioneros para el Presidio Modelo en la Isla de Pinos, mezclados con los defensores del fascismo y el nazismo y les dieron el mismo trato. Por Batabanó salieron y llegaron muchos presos políticos, entre ellos el Comandante en Jefe y demás Asaltantes al Cuartel Moncada.

Siempre estimulábamos a Collado a escribir sus memorias, hasta que Fidel se lo ordenó. Cuando las tenía lista, un domingo se presentó a la casa con el original y dijo: “Tengo orden que lo lean. No me pregunten de quién. Pero no me voy de aquí hasta cumplir esa orden.” Eran más de 120 páginas y le sugerimos devolverlo el lunes, al despedirse dijo: “El lunes vengo por la mañanita”. Ese día como un reloj suizo estaba en la casa. 

Es un interesante libro que recomendamos leer. Se publicó en 2006 por la editora Verde Olivo con el título de “Collado: Timonel del Granma” con prólogo del Comandante Juan Almeida Bosque y edición de Olivia Diago.   Su pasión y cuidado por el histórico yate debe ser guía para los nuevos veladores y visitantes. Si lo hacen, la historia de la nave, los expedicionarios y el Timonel vivirán eternamente.

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